martes, 19 de mayo de 2009

Efectos Secundarios de la Gloria

¿Cuántas veces hemos aplaudido a Bochini en el Amalfitani? ¿Cuántas grandes jugadas de rivales fueron premiadas con ovacione por nuestra gente?
Vélez ha conseguido muchos logros en los últimos 15 años, algunos con audacia, otros cuidando bien los resultados. Tal vez de este eclecticismo no pueda decirse nada, es muy difícil definir claramente un estilo de juego histórico para Vélez. Nunca fuimos Boca, Estudiantes, River, Independiente o Argentinos, equipos cuyos hinchas tienen un paladar definido después de muchos años de coherencia futbolística.
Pero los éxitos generaron una generación de hinchas que se definen futbolísticamente por la sola exigencia de triunfos. Una exacerbada búsqueda de la victoria a cualquier precio eleva los ánimos hasta la imposibilidad de disfrutar del juego, es más, el juego se vuelve intrascendente. Lo único que importa es el éxito de la camiseta de Vélez, y el que no la tiene es un enemigo mortal que no puede ofrecernos placer alguno.
Por el contrario, hoy el sólo hecho de que quien nos visite sea un gran jugador es la señal de que debe ser insultado de forma fronteriza con lo patológico.
El sábado 4 de noviembre me sentí tentado a aplaudir los lanzamientos de Verón, pero rápidamente noté que a mi lado varios chicos (junto con algunos que son chicos desde los años 50) insultaban sacados lo mismo que yo deseaba aplaudir.
¿Somos hinchas de fútbol o sólo canalizamos nuestra impotencia personal en la vida en una identificación irracional? El fútbol parece pasar a décimo plano.
Paradójicamente quienes somos capaces de disfrutar del fútbol bien jugado sin importar la camiseta, somos acusados de... no ser futboleros! Quienes hemos saboreado de los lanzamientos del Bocha, de las gambetas de Maradona, de los toques de Brindisi y Babington, o de la elegancia de Alonso, ahora resultamos ser desconocedores absolutos del fútbol frente a una extraña nueva clase sabios que durante 90 minutos se agitan extasiados insultando todo lo que pase sin una V azulada.

Alejandro Irazabal

jueves, 16 de abril de 2009

Violencia en el Fútbol: Ni Reír, ni Llorar, Comprender

La llegada aún calurosa del otoño provoca un clima que nos retrotrae a la trágica perdida de Emmanuel. Como forma positiva de evitar su olvido ensayaremos aquí algunas conclusiones sueltas sobre la violencia en el fútbol.
La primera de ella sonará contradictoria a la luz de la perdida de un chico inocente como el que por esta época recordamos. La plantearé en forma de pregunta: ¿Existe un recrudecimiento de la violencia en el fútbol como plantean desde hace algunos años los medios? Como simple seguidor del fútbol desde hace más de 30 años me atrevo a contestar que no. El número de sucesos violentos de cada fin de semana es a simple percepción muy menor al de hace 15 o 20 años. Lo que hoy vemos es una focalización mediática mucho mayor a la de aquellas épocas. La mediatización del fútbol en los últimos años ha explotado de forma exponencial. Este fenómeno genera sobre la violencia dos efectos contradictorios: por un lado provoca una exposición de los actores de la violencia deportiva que inhibe cuantitativamente su accionar; mientras por el otro lado esta misma exposición genera una percepción social sesgada del fenómeno de la violencia en el fútbol construyendo la sensación de que la misma ha aumentado. Pero esta es una observación cuantitativa, la realidad cualitativa es que la violencia sigue instalada en las canchas lo suficientemente como para hacernos llorar la muerte de un nuevo hincha en periodos relativamente cortos de tiempo.
La persistencia con este nivel de peligrosidad está en parte asentada en la utilidad que tiene entre algunos sectores sociales como forma particular de valorarse socialmente. La violencia en el fútbol existe porque tiene un marco legitimador específico. No se trata como decían hace años en Radio Rivadavia de “un grupo de inadaptados perfectamente identificables”, los grupos de acción tienen una platea de espectadores -que los excede varias veces en número- que sigue sus movimientos casi con tanta atención como lo que ocurre dentro del campo de juego. Es decir, el barra consigue con sus actos una valoración social en el marco del mundo en que se mueve. Este aspecto es más importante que cualquier causa ligada a la corrupción o a los manejos dirigenciales. En esta legitimidad social se explica la existencia misma de las barras bravas.
Lo antedicho no debe llevarnos a conclusiones simplistas del tipo “todos somos culpables”. En realidad no se trata de culpabilidades, se trata de fenómenos sociales que nos exceden. Ofrezco como ilustración clarificante un ejemplo gráfico: hace unos años por mi labor profesional me moví en una barriada poblada de muchos integrantes de la barra brava de Chacarita. Descubrí entonces que lo que sucedía el domingo tenía una gran influencia sobre lo que luego ocurría durante la semana: el que “aguantó”, el que “corrió”, el que tiró piedras recibía en términos de valoración social su premio o castigo durante la semana en el barrio. Entonces, ¿tiene el barra una actitud distinta a la que tenemos todos al intentar hacer nuestro trabajo, seguir nuestros estudios, o actuar como miembros de una familia y conseguir así el premio social buscado? De la sociedad, de su entramado de relaciones sociales, ha emergido el fútbol como un lugar importantísimo de construcción y valoración de subjetividades. Una de las formas es el accionar de sus grupos organizados de simpatizantes.
Esto no significa eludir la responsabilidad dirigencial ante cada caso particular de organización violenta en torno a los clubes, pero ¿realmente alguien cree que existe un límite claro entre dirigentes y barras bravas? Tanto unos como otros son los sectores más activos de un club de fútbol. Es muy común que quienes en su juventud fueron barras bravas hoy sean dirigentes. Precisamente Vélez es un ejemplo categórico de esto. Buena parte de las comisiones directivas de los últimos años estuvieron formadas por integrantes de la barra de los ’70. Son como dos etapas lógicas en los “militantes” de un club de fútbol. Nos parece esto poco creíble porque realizamos una excesiva satanización de las características de los barras y por otro lado embellecemos en exceso las formas de los dirigentes. La realidad es que, por ejemplo, el “Pistola” de los ’70, a quienes miles de testigos han visto protagonizar hechos violentos, no es muy distinto al Raúl Gámez de hablar pausado que se pasea por los medios en la actualidad. Tanto el lugar de barra como el de directivo son ubicaciones buscadas en distintas etapas de la vida para ser valorado socialmente en el mundo en que estos sujetos viven.
¿Todo este nivel tan alto de determinación social significa impotentizarnos ante la violencia? Como hemos dicho esta violencia existe porque tiene un marco de legitimidad que la hace posible; por lo tanto lo central debería ser erosionar ese marco. Una posible medida efectiva si se aplica con suficiente rigurosidad podría ser la sistemática quita de puntos; este “castigo” podría provocar que el hincha que “aplaude” las acciones de estos barras comience a asociarlas con un perjuicio para su equipo, y de este modo comience a quitarles consenso. Pero para llevarla adelante es imprescindible olvidarse por un tiempo de justicias deportivas y no preocuparse por posibles desfiguraciones que sufran algunos torneos. Hay que tener en claro que la vida es más importante que la tabla de posiciones.

Alejandro Irazabal

viernes, 20 de febrero de 2009

¿Debe Vélez Ser un “Club de Fútbol”?

Hace un tiempo, en dos notas sobre este tema hemos intentado demostrar que Vélez no puede ser un “club de fútbol”; hemos argumentado e historiado en ellas como Vélez llegó a ser una de las principales instituciones del país gracias a su carácter “social y multideportivo”.
Esta última definición implica para nosotros, no la equiparación del fútbol con el patín carrera, sino la utilización de los recursos históricos de nuestro club a favor de toda la institución, en especial de su deporte legítimamente privilegiado: el fútbol.
En está oportunidad pasaremos del “poder ser” al “deber ser”, intentaremos justificar por que Vélez no debe ser un club reducido a su principal deporte.
En primer lugar consideramos ilegitimo intentar definir hoy a Vélez de un modo opuesto al que nuestros grandes constructores edificaron, ladrillo sobre ladrillo, una identidad definida como pocos clubes en la Argentina.
Vélez se construyó y engrandeció bajo el lema de Don Pepe “cada chico que entra con su bolsito al club es un campeonato” ¿Tenemos derecho a cambiar tal carácter?
La inmensa mayoría de los actuales socios nos hemos incorporado a un club que ya había definido su identidad, la asociación a un club es un acto voluntario ¿por qué asociarme a algo cuya esencia no comparto? Puedo hacerlo a cualquier otro que se adecue a mis pretensiones ¿Puedo hacerme socio de River y pretender que el Monumental pase a llamarse Silvio Marzolini? ¿O a Boca y pretender que su camiseta pase a ser blanca con una banda roja? Si mi ídolo es Marzolini lo recomendable es adherir a Boca Juniors, así como si deseo es pertenecer a un club cuya camiseta sea blanca y roja, lo que debo hacer es asociarme a River Plate.
Sin duda las instituciones deben adaptarse a cada tiempo, pero siempre respetando su identidad básica, porque esa identidad es el club mismo, lo que le otorga una especifica entidad en el mundo.
Puede un dramaturgo adaptar el Martín Fierro, convertirlo en un gaucho amanerado, con las bombachas todas bordadas en macramé, pero lo que no puede hacer de ningún modo es convertirlo en un patrón de estancia o en buchón de desertores.
¿Qué queremos decir con esto? Que si hemos elegido a Vélez, debemos elegir a “Vélez”, no a “Boca”, quien quiera ser Boca la dirección es Brandsen 805. Vélez es cientos de metros de instalaciones deportivas y culturales ¿Para qué creen que se edificaron durante décadas? ¿Para tener un gigantesco chivo emisario cada vez que fallamos en la administración de las finanzas del club? ¿Por qué Don Pepe no construyó meras tribunas, como muchos clubes en aquella época, y en lugar de ello elevó un estadio que es un club en sí mismo?
Porque Vélez no es Boca, Vélez es Vélez.
Vélez es una institución integral que siempre buscó justificar socialmente su existencia, cuyos dirigentes no se limitaron a “administrar la pasión” por el fútbol, sino que construyeron una organización social en la que su amor por el fútbol se amalgamara con servicios provechosos para la sociedad.
El principal fue el deporte, elevaron un imperio deportivo y lo llenaron de chicos que, mediante una gran diversidad de actividades, canalizarán positivamente su construcción personal.
El deporte es un colectivizador de hábitos admirable, una actividad educativa que muchas veces supera a los contenidos escolares, tantas veces arbitrarios. Con su práctica el chico incorpora al otro como semejante, internaliza ordenamientos que le sirven para orientar su vida productivamente, comprende el valor del esfuerzo colectivo; se percibe como un sujeto pleno, capaz de esforzarse por un objetivo superador. Gracias al deporte se dejan atrás espíritus sumisos, y se adquiere uno de lucha; las chicas aprenden que pueden ser fuertes y no resignarse a los papeles de muñequitas dóciles que les asigna un sector dominante de la sociedad.
Vélez también es cultura, no repetiré acá nuevamente los merecidos elogios que número a número damos al departamento encargado de estas actividades. Tampoco creo necesario demostrar la positividad de las prácticas culturales, doy por hecho que su reconocimiento es unánime.
¿Debemos dejar de lado todo esto sólo porque nos gusta el fútbol? No hay ninguna razón. No deberíamos hacerlo incluso cuando el fútbol se viera perjudicado. Pero de ninguna manera es así. No sólo que ambos aspectos de nuestro club no se contradicen, sino que se potencian mutuamente. Repetimos nuevamente y lo haremos hasta hartarlos: recuperemos el club y el Amalfitani se llenará nuevamente de gloria.

Alejandro Irazabal

jueves, 2 de octubre de 2008

40 Años de un Trozo de Vélez

Los hombres somos seres finitos, limitados, pequeños, por ello considero que triunfar en la vida es trascenderse a uno mismo. Producir hechos significativos a tal punto que nos superen, que vayan más allá de nuestras existencias. Es común ver grandes hombres que realizan obras gigantes que desaparecen con su creador, o líderes cuyos colectivos se fragmentan en cuanto ya no están a su cabeza. Pero quien ha realizado su tarea con verdadera grandeza (cuya principal condición es la humildad de aceptarse pequeño) sus productos cobran vuelo propio y viven más allá de su autor. Una forma de superarse al alcance de cualquiera es criando hijos que lleven nuestra impronta más lejos de lo que nuestra finitud nos permite. Otras formas son algo más difíciles de lograr. Podemos decir que Osvaldo Rao ha alcanzado ambas, y las ha alcanzado conjugadas en su enorme aporte a su amado club: El Fortín de Vélez.
El Fortín de Vélez ha superado a su propio creador, cuya identidad sobrevive en ella y hace que se supere día a día de la mano de sus propios hijos. Por eso no me siento desmereciendo a Osvaldo Rao si digo que hoy la revista es muy superior a la que él desarrollaba, además de las mejoras técnicas y estéticas, hoy El Fortín de Vélez profundiza en investigación histórica deportiva como pocas revistas en la Argentina. Esto es un mérito de Mariano, Osvaldo y Lucas Rao, pero ninguna de esas superaciones sería posible si su padre no hubiera creado e instalado la revista como lo hizo y si no hubiera sido el padre que fue, por lo que cada vez que El Fortín de Vélez mejora en relación a su pasado ese crecimiento es mérito también de quien la creó con las características necesarias para que siga creciendo, sin estancarse eternamente como espejo de si mismo.
No pecamos de humilde en esta revista si decimos que El Fortín de Vélez es la mayor realización periodística que ha tenido la casi centenaria vida de Vélez Sarsfield. Sus 40 años son una de las pruebas de esta grandeza, la revista partidaria más antigua del país (y no será fácil encontrar otro caso de tanta longevidad en otras partes). Pero no se trata sólo de mero paso del tiempo, El Fortín de Vélez fue cuna de importantes periodistas que brillan o han brillado en medios nacionales y su archivo es la más completa fuente histórica del club. Por sus páginas han pasado todas las figuras de nuestros equipos, los más exitosos y los más frustrantes; El Fortín de Vélez comenzó con Amalfitani, siguió con Feijóo, Petracca, Pérez, Gámez y siempre recibió el respeto de todos, sin dejar de contar a los opositores de cada gestión.
La multitudinaria fiesta que vivimos para celebrar estos 40 años fue la prueba, todas las figuras políticas del club estuvieron presentes, desde el oficialismo a los dirigentes de la Unidad Velezana, parece ser una de las pocas cosas que todavía puede reunirnos a todos.
Tampoco faltaron las estrellas, obviamente Carlos Bianchi fue la más deslumbrante, pero los campeones del 68, Luna y Zottola, dijeron también presentes, dando el tono histórico a la fiesta de una revista que tiene clara conciencia de que es el pasado lo que nos otorga identidad, y de la identidad velezana El Fortín de Vélez es fundamental parte integrante.

Aljandro Irazabal

sábado, 20 de septiembre de 2008

La Unica Verdad es la Realidad... Que se Nos Antoja

Ya quedan pocos ámbitos en los que decir que la realidad es una construcción social y no algo objetivo y externo a los hombres no sea una repetición. En cada colectivo humano la realidad es aquello que se consensúa que lo sea. Claro que esta consagración de lo que merece ser real no se vota a mano alzada en asamblea, la realidad es el resultado de una lucha sutil. Veamos un ejemplo ilustrativo tomado al azar: Al comenzar el torneo Vélez ofreció un lastimoso espectáculo en el que no faltaron torpezas impropias de profesionales. Si pudiéramos recortar el campo de juego del Amalfitani y colocarlo en el mismo lugar unas tres décadas atrás, estoy seguro que la mayoría de los espectadores creerían que se trata de uno de esos preliminares entre hinchadas organizados por el Tula. Incluso hasta alguno consideraría que un delantero de Vélez no debió ser de la partida, y que el gordo Villa Luro, el Alemán o el Cartero habrían cumplido una tarea más digna.
Debemos aligerar la culpa de Vélez diciendo que el atentado al buen gusto que se desarrolló ante nuestros ojos no habría sido posible sin la complicidad de un Independiente que no merece compartir el mismo nombre con aquellos equipos que lo convirtieron en sinónimo de fútbol. Siguiendo con la traspolación temporal, no peco de exagerado ni caricaturesco si digo que Bonete (en realidad se llamaba "Boneco") superaba en habilidad a la mitad del equipo rojo actual. Para quien lo dude, recuérdelo matando con la cabeza una pelota caída desde 30 metros y piense cuantos jugadores del Independiente de aquel sábado pueden imitarlo.
Pero por suerte para los torpes, quien escribe forma parte de los escasísimos hinchas de fútbol que quedan; como ya se amenazó en estas páginas, para la inmensa mayoría, si se pudiera colocar en el lugar social que ocupa el fútbol al water polo, todo seguiría su curso. Esto facilita la tarea de los albañiles de la realidad velezana.
Ya antes de finalizar el partido los cultores de la escuela de la apología y el elogio que pueblan toda una parte de los medios velezanos comenzó a rescatar algunas supuestas virtudes encontradas en el equipo, un "cambio de actitud" o unos "buenos veinte minutos". Con el correr de los días la semilla germinó y para mitad de semana el impresentable Vélez del sábado ante Independiente nos llenaba de esperanzas.
Estos "comunicadores" no son lo preocupante; ya que el papel que juegan es el de "diario de Yrigoyen". Si existen es porque los oficialismos necesitan acomodar la realidad a sus deseos y en nuestro mundo los medios son constructores privilegiados de la verdad. No alcanza el microclima de círculo íntimo, para autoengañarse cabalmente ese clima tiene que emitirse por radio. Yrigoyen creía lo que decía el diario no sólo porque era lo que deseaba leer sino principalmente porque lo decía el diario.
La gravedad se atenuaría si estos medios sólo cumplieran la función de ser leídos por los Hipólitos Velezanos, pero aquí el diario de Yrigoyen pretenden vendérnoslo a todos.
Distintas encuestas y mediciones muestran que estos apologistas no son demasiado masivos (en su favor hay que decir que nunca los oficialismos tienen buena audiencia, ni los oficialistas los escuchan), pero su carácter de voceros oficiales parece darles el poder de fijar agenda. Lamentablemente, los medios partidarios más seguidos se sienten en la obligación de tener en cuenta cada cosa que dicen, en la convicción –tal vez justificada- que lo que dicen es lo que la conducción del club o del fútbol piensan, y que siendo así, Vox Cesar = Vox Dei, algo de razón debe haber en sus palabras. Así los principales periodistas del club, hasta los más críticos, comenzaron a encontrar al menos "destellos" de brillo en la noche cerrada del Vélez que enfrentó a un Independiente que hirió mis ojos confiados, gracias a tantas pinceladas rojas exquisitas que años atrás le ofrecieron los de Avellaneda.
Claro, la realidad construida se sostiene con más fuerza cuanto más amplio es el colectivo humano que lo consagre. En nuestro caso se trata sólo de un 1 sobre 20, el choque con alguna de las otras 19 realidades puede destruir nuestras pompas de jabón.
Para ello no fue necesario darnos la cabeza contra grandes verdades, la canchita de un equipo vapuleado en otra canchita la semana previa fue más que suficiente.
El Vélez de los grandes retornos fue aplastado por once ignotos que como tales no reprimieron algunos toques propios de potrero. Mirando al mencionado delantero velezano me pregunté si lo que habría vuelto no serían las cámaras ocultas de Tinelli y que todo el estadio estaba confabulado en mi contra. Pero el "es una joda para Tinelli" no coronó la noche, sino un precioso gol digno de canchita de papi fútbol.
Uno imaginaría que tremendo cachetazo de realidad ajena transformaría la nuestra; sin embargo, escuchando a Tocalli hablando como si se le hubiera ido el partido en los últimos minutos y no haber recibido una goleada, destacando las virtudes de su equipo en el primer tiempo, comprendí que a quienes están a la cabeza de Vélez y su fútbol les resulta intolerable aceptar la posibilidad de una realidad distinta a la que han construido. Es que no hay excusas para descargar culpas. Esta vez Vélez vendió a sus generadores de fútbol por más de 30 millones de dólares y con ese dinero compró pensando en las elecciones y no en el equipo, trayendo glorias e hinchas de Vélez, comprando una supuesta "personalidad" en lugar de creadores de juego, confundiendo un aditamento del fútbol -los huevos- con el fútbol mismo. Argentinos con chirolas trajo un poquito de fútbol -Rodrigo Díaz y el ingresado Quiroga- y con eso le alcanzó para bailar a un Vélez adormecido y apático, porque no hay personalidad -aditamento necesario- sin condición básica –fútbol.
Si Argentinos no superó a Vélez desde el comienzo fue sólo por un exceso de respeto de los Bichos y no por virtud nuestra. Los goles que recibiera en Arsenal y los supuestos retornos gloriosos que mostrara Vélez llevaron a los de La Paternal a ser excesivamente cautos hasta comprender que tenían enfrente a uno de los equipos con menos fútbol y peor plantado del campeonato.
El optimismo descontextualizado es una excelente ficción de espíritu constructivo, pero en última instancia tiene una capacidad de destrucción que envidiaría hasta el pesimista más contumaz. Al menos el pesimista nos señala las dificultades y podemos enfrentarlas, tiene (aunque sea en negativo) un mínimo criterio de realidad; en cambio el "¡Vamo que podemooo! O el "¡Todos el domingo a alentar que salimooooo! Sólo nos lleva a salir en el diario del lunes bajo títulos catastróficos o a darnos la cabeza contra la pared.
Tigre fue una nueva confirmación del diagnóstico que hacemos aquí de Vélez. Por suerte aun tenemos un pasado que hace que el rival respete demasiado al Amalfitani, gracias a eso hemos cosechado dos puntos de local.
¡Pero basta de pálidas! ¡Callen los agoreros de la derrota! Todo lo dicho al olvido, espectacular goleada en Mendoza frente a quien viene del (y vuelve al) Nacional B. Otra vez a copar la realidad de fervor irracional por contragolpear correctamente ante un equipo que, perdido, se vio obligado a buscar algo para lo que no estaba ni lejanamente en condiciones. Nada de esto importa, Vélez tiene 5 valiosos puntos y los antivélez de siempre tiene que cerrar la boca para que hablen los profesionales del todo bien (recordemos que son periodistas y por lo tanto cobran por ello). Para colmo tuvieron dos semanas para vivir un Vélez poco menos que candidato.
Hoy nos recibe un Estudiantes golpeado y la próxima vamos al Monumental, esperemos que esa sucesión de imponderables que es el fútbol les de la razón a los apologistas y Vélez (por mera encadenación de fortunas) salga adelante, nos comeremos las palabras con gusto, a pesar de que las sabemos acertadas.

Alejandro Irazabal

lunes, 15 de septiembre de 2008

El Derecho de las Bestias

Es evidente que existen muchos indicios de la seria posibilidad que el oficialismo pierda la próxima elección después de muchos años. Esto, más que a un mérito o esfuerzo de la oposición, es producto de actitudes erróneas del propio oficialismo, muchas veces parecerían empecinados en perder la conducción del club. Esta realidad incontestable está llevando a mucha gente a un estado de nerviosismo importante. Nosotros, a pesar de todo, los entendemos. Sabemos que hay gente que vive de esto y no podemos dejar de comprenderlos, gracias a eso pueden ir a ver cualquier partido sea a la hora que sea y después decir alegremente, "fulanito no estaba, fulano estaba", si tuvieran que trabajar ¿quién cumpliría esta tarea de fiscalización? ¿Los que tenemos que producir por lo menos lo que consumimos? Imposible. Ellos deben estar libres de labor para decidir quienes pasamos a ser traidores a la causa velezana. Por eso nos apena verlos nerviosos, con miedo a que se termine la buena vida fortinera.
Tenemos que reconocer que ante este tipo de situaciones fuimos ingenuos. En algún momento creímos que algunos habían aprendieron la lección, pero inevitablemente se les termina saliendo la cadena. Siguen sin entender qué dirigente o comunicador está expuesto al elogio o la crítica; ya que ambos se exponen públicamente y se ofrecen a ello, no todo está siempre mal, ni todo siempre está bien. Les aconsejo leer un libro acorde a esa manera de "pensar": "La fuerza es el derecho de las bestias", así pueden sistematizar lo que consideran el método ideal y terminar todo de forma "acorde". Siguen creyendo que son el ombligo del mundo, no aceptan que puede haber alguien que piense diferente, y cuando se expresa otro pensamiento piden la censura, y es más, la avalan y la justifican como un medio normal de convivencia. Otros insisten que se los ataca en su núcleo familiar, hay momentos en que nos preguntamos ¿cómo pueden llegar a decir semejante barbaridad?, saben bien que es falso, pero se escudan en cuestiones muy sentidas por todos para ser vistos como pobres víctimas. Días pasados fuimos invitados a una reunión con un grupo de socios para expresar nuestro pensamiento sobre la actualidad del club, alguien intentó hablar sobre cuestiones de familia de un comunicador, nos paramos y nos fuimos porque se desvirtuaba el motivo para el que fuimos invitados. Si hace falta, ponemos a disposición toda la colección de La V de Vélez para comprobar si el responsable de la publicación alguna vez incursionó en la vida privada de algún socio de Vélez. Nos obligan a pensar que quizás tienen la cola tan sucia que todo lo que se dice creen que es para ellos. Hay otros que siguen sin comprender que en esta publicación quien escribe una nota es el máximo responsable de la misma, para eso se le pide la firma y la foto, para que de la cara. Podemos sugerir dentro del diálogo, pero de ahí a prohibir hay una gran distancia. Si piensan de esa manera les aconsejo no leer más esta revista, todos los que escriben y han escrito si son nobles y honestos pueden dar fe que lo que estamos diciendo es cierto.
Pero para eso sólo tratamos que no se incursione por el insulto o la agresión personal, el resto forma parte de la vida misma, este tipo de manejo de la publicación hace que sea la más leída de todas y por algo será, alguien conocido como "Juan Domingo" -y que de esto algo sabía- en una oportunidad dijo: "cuando tuvimos todo a favor, no echaron", refiriéndose a la prensa. Esta para nosotros no puede ser alcahueta y consecuente, debe ser informativa y critica, esas deberían ser las formas, aunque después cada uno que haga lo que quiera y que se hagan cargo.
Si algo nos molesta en la vida es la censura, la discriminación y la mentira. Nos resulta increíble que quienes propugnan y ejercitan esa forma de vida estén entre nosotros, y hasta conduciendo a nuestro club, famoso por progresista y democrático. No podemos entender a quienes se mueven con esos métodos con absurda naturalidad, nos queda la satisfacción que están perfectamente identificados en el mundo de Vélez, por el momento... con eso nos alcanza. Para colmo ahora debemos agregar la mentira en boca de otros personajes, se va convirtiendo en hábito que los victimarios se disfracen de víctimas. Hablan y hablan con disfraces de corderos, cuando son los lobos que azotan la vida velezana. No podemos ser como ellos, igual que a nosotros les asiste el derecho constitucional de expresar lo que piensan, pero no a usar la mentira como método político, agravado por esconder sus verdaderas razones detrás del sentimiento que dicen profesar. Porque aunque se crean por encima de todo, les duela, o no lo quieran admitir, en nuestra vida "todo es política"; mucho más decir que todo está bien y nada hay que cambiar, no lo nieguen más... no tomen a la gente de Vélez de idiota, es política y política oficialista", decir "no me interesa, sólo me importa Vélez" es una mentira para los tontos, pero para sus desgracias quedan cada vez menos.
En nuestro caso, por ejemplo, no somos ni seremos candidatos a nada porque hemos renunciado por el momento a militar en una agrupación; pero ello no nos exime de nuestro deber de opinar y dar nuestro punto de vista como socio vitalicio en todo lo relacionado a la vida del club y si no lo entienden así y siguen creyéndose los dueños de todo tendrán que mostrarnos algún día el titulo de propiedad. La realidad es que no hay dueños de nada, ni siquiera somos dueños de nuestros bienes personales, porque si hilamos finito "en la vida sólo somos administradores temporales de todo", cuando se apaga, los administradores son otros.
Para terminar, les decimos lo mismo que a un ex dirigente: para sentarse a conversar primero hay que retractarse y pedir las disculpas del caso; quien ha cometido el error debe subsanarlo y después sí comenzar el dialogo. Esto no es soberbia, es simplemente educación, ya que nosotros con discriminadores (y con quienes los avalan) no nos sentamos a ninguna mesa en tanto y en cuanto no cambien su forma de actuar. Creemos haber sido claros, si no entienden ya no es problema nuestro, nuestra recomendación final es dejar de ofrecerse a la risa posando de víctimas, basta por favor.

Angel García

miércoles, 9 de abril de 2008

La Violencia como Fenómeno

A comienzos de la temporada 2007 preocupados por la violencia en el fútbol publicábamos esta nota, mostrando no sólo nuestra preocupación por esta problemática sino fundamentalmente nuestras propuestas. La persistencia lamentable del fenómeno vuelve a plantear la vigencia de estos párrafos, que con tal motivo volvemos a publicar.

Cada temporada que se pone en marcha trae con ella, “perro fiel pero importuno”, la ya saturante violencia.
No sólo satura la repetición de hechos sin sentido sino, casi tanto como ellos, tener que escuchar otra vez una andanada de razonamientos ultraremachados. Uno de los más clásicos es el que refiere a “un grupo de violentos” que interfiere en un verdadero “fenómeno social como es el fútbol”.
Si esto es así, la violencia y estos “pequeños grupos de inadaptados perfectamente identificables” son cuanto menos una parte de ese fenómeno social, por no decir un fenómeno social en si mismo.
Podemos verlo en varios aspectos:
Son numéricamente muy significativos; cada club, por pequeño que sea, sin importar en que categoría juegue ni de que pueblo del país sea, tiene su barra, que suele estar conformada desde algunas pocas docenas de personas hasta varias centenas de miembros, esto nos da unos cuantos miles de integrantes de estos “pequeños grupos”.
Más importante es a la hora de considerarlos un fenómeno social un segundo hecho: sus acciones están legitimadas desde su exterior, y no hablo sólo de su asiento en intereses de varios tipos, sino también de la gran periferia que aplaude o acompaña pasiva pero aprobatoriamente los peores de sus actos.
Cada vez que se enfrentan dos barras esto queda bien a la vista, miles de personas alientan tanto o más que a sus jugadores a los grupos en conflicto. ¿Cuántos son los que amenazan con cantos cada domingo a la hinchada rival?
Un elemento más complejo que los “legitima” es el hecho inobjetable de que la sociedad los soporta, su propia existencia lo comprueba.
Existencia que ya ha traspasado varias generaciones, demostrando que el lugar social del barra excede a su ocupante temporal.
Las barras, como todo colectivo social, como toda acción humana frente a otro, requieren legitimidad para existir y actuar, requieren la convalidación social de sus actos, y más, es ello una de las principales razones para que los cometan.
La valoración social obtenida por pertenecer y actuar en una barra es una de las causas de sus existencias.
El integrante de la barra de Chacarita que se destaque en un enfrentamiento con otra barra obtendrá una valoración social mayor entre sus pares generacionales de Loyola o Villa Maipú durante toda la semana.
Se podría graduar la capacidad de lucha, el “aguante”, de cada hinchada midiendo la importancia que tiene entre los jóvenes de cada barrio “aguantar con la banda” el domingo o el sábado.
Quienes pasamos cientos de horas en las populares sabemos bien la admiración o al menos temor ascendente que inspiran los que pueblan los para-avalanchas, sin duda podremos descubrir que hasta en nosotros mismos lo han inspirado.
Las barras parecen una deformada evolución de los guapos de esquinas de las primeras décadas del siglo 20, su versión adaptada a una sociedad colectivizada por la industrialización, el fútbol mismo siguió el crecimiento industrial del país.
Sus diferencias con aquellos “guapos” tal vez sea sólo una distorsión producto un exceso de idealización borgiana de aquellos forajidos, proxenetas y asesinos que el escritor de Palermo admiraba como un chico de La Boca idolatra hoy al Rafa Di Zeo.
Es teniendo en cuenta este cuadro que cobra sentido la quita de puntos, no para aceitar los controles dirigenciales sobre un fenómeno que los excede, sino para erosionar la legitimidad que otorga esa enorme periferia a las barras y sus accionares violentos.
Existe una alta probabilidad de que si la consecuencia de estas acciones es un perjuicio deportivo, los hinchas “comunes” vayan quitando consenso a los “violentos”.
Que esto significará injusticias deportivas es tan cierto como inevitable si deseamos atacar seriamente este problema. Será hora de elegir cual es la prioridad: evitar hechos que implicaron muchas muertes en los últimos años o seguir exigiendo una estricta justicia deportiva que no se solicita en otros ámbitos.
Tal vez se desfiguren algunos torneos, pero si aplicamos esta medida avanzaremos enormemente hacia el fin de la violencia en el fútbol.
Sin la legitimación de la que todos participamos posiblemente las barras no desaparezcan, porque su existencia no se agota en ejecutar hechos violentos, pero sí podemos dar un paso enorme hacia su transformación en un hecho festivo.

Alejandro Irazabal