martes, 3 de agosto de 2010

Editorial: Lobos y Corderos

Ha pasado largo rato desde que nos llamamos a silencio, no queríamos embarrar la cancha, porque ¿Sabe qué pasa?: Nosotros no decimos que todo esta bien, que todos los dirigentes son altos, rubios y de ojos celestes; y, por sobre todas las cosas, no nos desgastamos diciendo que todos son honestos, como si el hecho de serlo fuera una virtud y no una constante de vida. Dicen que el dinero de todos no se malgasta; pero vemos como lo invierten en jugadores golondrinas, que hoy se besan la V azulada y mañana estrujan también a besos otras camisetas; y mientras estos picaros vienen y se van con los bolsillos llenos, los que hemos pasado una vida penando y gozando juntos, nos peleamos, ni nos saludamos. De piolas tenemos muy poco, pero si mucho de giles.
Mientras todo esto ocurre, el más vivo de todos sigue y sigue dándole a la a lata. Sigue con todos los cañones apuntando al ferretero, distrae la atención y sigue siendo por el propio peso de su liderazgo, quizás sin buscarlo, el dueño de la pelota (y si alguien se anima a desmentirlo sería un reverendo hipócrita). Cuando éramos chicos el dueño de la pelota solía ser un gordito, pero era el que decidía quien jugaba y quien no; en este caso es alto y nada gordo, parece que es él el que no juega, pero no le crea... que juegue bien es otra cosa, pero que juega, juega en serio. Este dueño de la pelota habría decidido dar un paso al costado, primero mando a la cancha a un hombre vinculado a la justicia, este hombre cumplió lo encomendado, casi nunca saco los pies del plato, y si algún día creyó que el poder pasaba por sus manos, rápidamente lo pusieron en caja. Por ejemplo a La V de Vélez la acreditó, al otro día volvió todo a fojas cero, hoy en día no sabemos si sigue o no, al menos no tenemos noticias de él.
Llegaron las otras elecciones, la ordenada Unidad Velezana, no daba pié con bola respecto en la elección de la fórmula, uno a uno se cruzaban de vereda con una velocidad asombrosa. Algunos que de un lado de la vereda no bajaban de mesa directiva, del otro lado aceptaban una portería o hasta manejar la entrada de autos… a control remoto. Ni siquiera Discepolo con su asombrosa imaginación hubiese podido creer lo que sucedió, pero aparecio el Mesías opositor desde los medios partidarios y casi les escupe el asado. Todavía recuerdo la cara de preocupación del dueño de la pelota tratando de dar vuelta el resultado. Las fans de Luis Miguel lo lograron. Respecto a este último tiene programado un viaje para el año próximo, justo para noviembre. ¿Qué raro, nos es cierto? Algunos de los que cruzaron de vereda decían que iban cambiar todo lo que estaba mal, no cambiaron nada, todo siguió igual, y por temor a que los echen siguen firmes como rulo de estatuas exactamente donde los pusieron.
Mientras el dueño de la pelota la seguía inflando para que pique bien, vino el turno de otro hombre de la justicia, una persona que no se mete con nadie, ¿Quien puede hablar mal de él? Un tipo conciliador, no se impone con autoridad, todo lo basa en el consenso, si la directiva le dice “esto está mal”, no hace absolutamente nada para revertirlo. Se auto titula el “Presidente de la Democracia”, pero nos gustaría recordarle tanto a él como a su antecesor que bajo ambos mandatos hubo y hay socios discriminados; y por más que la historia la escriben los triunfadores, hay otra historia, que también se escribe, y en esa van a quedar ambos definidos por lo que realmente han hecho. Suena raro decir esto cuando falta un año y medio para el fin del mandato, pero parece que el dueño de la pelota se ha decido por otro, uno más afín a su estilo ¿Quién será? Como decimos todo apunta a un hombre con metodologías parecidas a el dueño de la pelota (no tendría nada de malo, al dueño de la pelota mal no le fue).
No nos gusta hablar de códigos porque nos suena a mafia, pero quien traiciona la amistad por política o poder, automáticamente deja de ser confiable para los que tenemos otra visión de la vida. A un amigo le sucedió después de muchos años de transitar tribunas, de ver los crecimientos de sus hijos, de compartir mesas de desayuno, hasta formar una amistad. Ver ahora como lo mandaron enfrente nos sonó mal. Todavía este amigo nuestro no se convenció que hay personas que una vez que creen que han llegado al podio, y que el poder es eterno, expulsan, no comparten nada con quien tiene otro manera de pensar, y es más, creen que lo que hacen esta siempre bien, y hasta amenazan cuando les dicen algo distinto a sus formas de vida.
Igualmente, si es así, por más que no nos guste, hay más sinceridad política. Basta de parecer corderos cuando en realidad se ven como lobos hambrientos a los que les están robando la comida diaria, basta de parecer democráticos cuando la democracia les importa un bledo; otra vez más será el socio el que decida. Quiera Dios que en caso de triunfar otra vez este modelo de club, Vélez aguante otro mandato fútbol céntrico en manos de esta comisión directiva; que pretende que una sociedad sin fines de lucro siga hipotecando su futuro, igual que en el hipódromo, apostando todo a las patas de algunos que vienen tocan y se van, pero cuando se van se llevan casi hasta nuestra sangre... A pesar de todo, nosotros seguimos siendo de Vélez y ni estos, ni ningún dirigente circunstancial, nos va a cambiar nuestros pensamientos. Estos pasarán y, si Dios quiere y la suerte nos ayuda, Vélez quedara.

Angel García

La Última Chance

Carlos Bianchi llegará a los 65 años en el 2014. Esto nos enfrenta a todos los hinchas de Vélez ante el riesgo de ver pesar este nuevo proceso como la pérdida de la última posibilidad de disfrutar de nuestro ídolo al frente de la selección nacional.

La semana pasada Bianchi abrió una puerta que esperemos nadie en la AFA cierre. Siempre desde Viamonte se ha señalado al propio Carlos Bianchi como la causa que impidió que se calce el buzo de entrenador nacional, por lo que entendemos que estas declaraciones del Virrey terminan con esa razón (o excusa); hay esperanzas.
Por eso creo que desde Vélez debemos hacer nuestro aporte para que se produzca al fin lo que debió producirse hace ya varios mundiales. Desde esta revista es muy poco lo que podemos hacer, sólo fijar nuestra opinión favorable; pero incluso para que ésta sea válida tenemos que argumentar más allá de nuestra incondicional adhesión emotiva hacia Carlos Bianchi, debemos dar razones que sean válidas ante los hinchas de cualquier otro club; y si hacemos este esfuerzo a favor de Carlos, es porque creemos que Bianchi es la mejor opción para ocupar el puesto de director técnico de la selección argentina a los ojos de cualquiera que sepa algo de fútbol, sin importar la camiseta que tenga puesta.
¿Por qué decimos esto?
Más que un “equipo”, la selección es hoy un “combinado” de estrellas. En el fútbol mundial, desde hace ya unas décadas, las usinas de dinero se han corrido definitivamente a los clubes, éstos son los que se endeudan indefinidamente en función de los negocios de otros (TV, sponsors, etc.); por ello hoy son los clubes quienes tienen el poder de imponer condiciones, y estas son cada vez más restrictivas a los federaciones nacionales. Los seleccionadores (éste parece ser actualmente el título más adecuado) disponen cada vez de menos días para trabajar con sus (ajenos) jugadores. Los 4 meses en los que Menotti contó con los jugadores durante el 82 se recuerdan hoy como un despropósito. Las posibilidades de armar grandes entramados y estructuras táctico-estratégicas son casi nulas, no hay tiempos para ensayar movimientos complejos, ni siquiera casi para jugadas preparadas. Lo que se impone es la necesidad de una practicidad extrema; y el máximo exponente de la practicidad futbolística se llama Carlos Bianchi.
Recuerdo cuando en pleno Virreinato Velezano explicaba a todo el que lo quisiera escuchar que el fútbol es algo simple, que lo complican sin necesidad ni sentido. Entre quienes lo acomplejan innecesariamente colocaba a los jugadores que no buscan la más simple, que no son prácticos. Este es el pensamiento que debe dominar hoy la tarea del seleccionador nacional; todo debe ser puesto en función de explotar con practicidad las posibilidades de un plantel. ¿Alguien mejor que Bianchi sabe explotar al máximo la materia prima con la que cuenta?
Algunos podrían señalar que a la selección se le exige triunfo, juego y convicción ofensiva y que Bianchi apuesta a otra cosa. Bastaría contestarles que hemos soportado 8 años a Bilardo colgado del travesaño esperando que arriba Maradona haga algo por él. Pero el postulado es falso, Bianchi no es defensivo sino “practicista”, parte de aquello que tiene y en las circunstancias en las que lo utilizará. Vélez ha salido con 5 defensores en Brasil y también a comerse al rival en el área de enfrente cuando se podía y era necesario; ha jugado en Vélez sin un enganche definido y con uno bien claro en Boca; ha aguantado los partidos pero también ha mandado a sus centrales de centrodelanteros al área rival. Bianchi es práctico, no es un teórico del fútbol (y por convicción, no por limitaciones), no se condena a una posición político-táctica, ni a ayudantes, ni a jugadores, ni a nada, sólo se esclaviza a la búsqueda del objetivo a través de medios claros y honestos; y es eso lo que la selección necesita, hoy más que nunca.
Es que el proceso que culmina parece haber sido dominado por lo contrario. Maradona ha tomado decisiones guiado por su emotividad, esto ha sido una característica de Diego a lo largo de toda su vida pública: Maradona rápidamente se hizo consiente de la significación que cada opinión que vierte tiene y ha repartido bendiciones y maleficios de acuerdo a su bondad o animadversión. Baste recordar el grotesco noventista de la pantalla de TV dividida en 3 para que en dos, los máximos candidatos a Presidente de una cercana elección esperaran que en el tercer cuadro Maradona les informara a ellos (y a la nación) a quien iba a votar. Con esa lógica de trascendencia ha administrado los distintos aspectos de su vida, entre ellos su rol de seleccionador. Por ejemplo, sus amigos suelen ser los bendecidos en algún momento de su vida y “los banca a muerte”. En cambio Bianchi es adecuadamente condicional, condicional a la efectividad práctica; si bien Ischia fue su gran amigo, también lo eran otros, y la visión de fútbol de Ischia (segundo armador de juego durante toda su carrera de futbolista) es innegable.
Tampoco sería capaz de reacomodar las fichas en función de tal o cual. Cuesta imaginar a Bianchi atrasando al mejor jugador del mundo para que juegue otro más adelante. Bianchi coloca a cada uno en el lugar en el que puede explotarlo al máximo, no se somete a compromisos emotivos a la hora de decidir. Tampoco es fácil imaginar a Bianchi colocando de marcadores de punta a jugadores con físicos y ritmos de centrales, esto se opone a la practicidad lógica más elemental; y si bien estos errores se encubren ante Grecia o Corea, se destacan al máximo ante equipos como Alemania (o en todo caso los colocaría contra Nigeria pero los sacaría contra Alemania). La maximización de la efectividad es su estilo, lo que no es sinónimo de resultadismo, si bien no tiene problema en clausurar un partido 2 a 0 a favor en la Bombonera o el Monumental, la simpleza de juego también destila belleza, la belleza del toque justo, de la exquisitez de la jugada contundente.
Por todo esto, y por muchas otras cosas (como los valores que Carlos puede desarrollar cada vez que le toque comunicar, el perfil correcto para un lugar de esa elevación y la buena imagen internacional que todo esto conlleva), consideramos que Carlos Bianchi es el nombre que le cabe exacto a la selección actualmente, lo decimos como hinchas de Vélez, como hinchas de la selección y como observadores permanentes del fútbol de cualquier lado y en cualquiera de sus formas. Todos los futboleros argentinos saldremos ganado, y los de Vélez con el plus de ver a nuestro hombre al frente de la máxima expresión del futbol argentino.

Alejandro Irazabal

martes, 4 de agosto de 2009

Los Ultimos Huevos de la Gallina

“No se puede” parece ser la consigna que agrupa al oficialismo en Vélez Sarsfield.
Ante cada idea o sugerencia, una lista interminable de inconvenientes que tal idea provocaría (algunos de ellos contradictorios entre si) comienza a salir de la boca del integrante de la CD o allegado al oficialismo que se enfrente con la iniciativa.
Por lo general el entusiasta socio que realiza la sugerencia ni siquiera puede culminar su idea, inmediatamente es interrumpido por la frase cliché de los “nosepueditas”.
Esta actitud se ve agigantada cuando de lo que se trata la idea es de invertir en el club con el objetivo de multiplicar ingresos. Para nuestros dirigentes el único ingreso posible lo da el fútbol.
¿De que se trata esto? Muy simple, pera la gente del Circulo, Vélez parece estar condenado por las divinidades a ser una fábrica de jugadores a colocar en el mercado, cualquier alternativa a tal “modelo” es una perdida de energías que ni merece discutirse.
Vélez es un gigante que actúa como una mini-Pyme, fabrica hoy para vender mañana. Todo lo que signifique una proyección a mediano plazo es visualizado como un almacenero ve una inversión que no implique comprar fiambre hoy para convertirlo en plata mañana mismo: un gasto sin sentido.
La “mentalidad almacenera” consiste en sobrevivir con las estructuras mentales que le han permitido subsistir hasta el momento en que este parado, todo posible generador de crecimiento es rechazado, y no sólo porque no significa dinero para el día siguiente, sino por miedo al crecimiento mismo. El crecimiento acrecienta complejidades, genera nuevos problemas y crisis y el almacenero sólo piensa en vivir cada día lo más similarmente posible al anterior. Todo anda bien hasta que un hiper o un chino se instale en el barrio. Las estructuras mentales del almacenero no son capaces de elaborar una respuesta al nuevo competidor y cerrará la persiana sin salirse un ápice de su estreches mental: “no se puede” competir con esos gigantes.
¿Puede pasarle algo así a Vélez? Definitivamente sí. Es más, ya está comenzando a pasar.
Cuando Vélez inicio este proyecto de fabrica de jugadores era casi un pionero, los clubes argentinos veían como única posibilidad de obtener éxitos deportivos “formar un buen plantel”, y esto era sinónimo de “comprar bien”.
Vélez, en aquel momento sin abandonar el desarrollo institucional que nos hizo grandes, decidió que no sólo no era necesario gastar una fortuna en jugadores sino que incluso se podría obtener mucho dinero con ellos.
Como en todo mercado la innovación provoca una ventaja enorme sobre el resto, pero también como en todo mercado tal ventaja se usufructúa hasta que es aplicada por los demás competidores. Es esto lo que empieza a ocurrir.
No sólo no quedan casi clubes de primera que no inviertan en sus divisiones inferiores, hoy hasta los equipos del Nacional B apuestan a sus juveniles. Independiente Rivadavia de Mendoza ha iniciado un proyecto en el que las inferiores son fundamentales. Recordemos aquella asociación entre Real Arroyo Seco y el Barcelona para producir jugadores “embazados en origen”, en los mismos pueblos donde nacen los craks que el club de Cataluña debía comprar antes luego de pasar por varios intermediarios con la amplificación de precio que ello implica. También se promocionó un acuerdo que el Barcelona alcanzó con Arsenal en un sentido similar. Más allá de que en estas oportunidades no sean fructíferos estos convenios marcan una tendencia que parece no tener posibilidades de contraofensiva desde los clubes vernáculos.
Los europeos ya no quieren que los criollos produzcan solos y peleen el precio desde esa posición de fuerza, han decidido meter sus uñas en la misma cadena de producción de nuestras fábrica de jugadores.
Pero no sólo han aparecido emuladores de clubes como Vélex, ya hay nuevos innovadores. Especialistas en el tema, a veces con intereses de europeos detrás, están generando “plantas con tecnología de punta”. Así Jorge Grifa ha levantado su propia productora de jugadores y ex pibe Raffo, que supo tener 15 minutos de gloria en los 80, compró la Candela e instaló su germinadora de juveniles privada con varios intereses extranjeros siguiéndolo de cerca.
Estos son sólo algunos ejemplos de la masificación de la novedad que en su momento Vélez y algunos más iniciaron.
La gallina está empollando sus últimos huevos.

Alejandro Irazabal

martes, 19 de mayo de 2009

Efectos Secundarios de la Gloria

¿Cuántas veces hemos aplaudido a Bochini en el Amalfitani? ¿Cuántas grandes jugadas de rivales fueron premiadas con ovacione por nuestra gente?
Vélez ha conseguido muchos logros en los últimos 15 años, algunos con audacia, otros cuidando bien los resultados. Tal vez de este eclecticismo no pueda decirse nada, es muy difícil definir claramente un estilo de juego histórico para Vélez. Nunca fuimos Boca, Estudiantes, River, Independiente o Argentinos, equipos cuyos hinchas tienen un paladar definido después de muchos años de coherencia futbolística.
Pero los éxitos generaron una generación de hinchas que se definen futbolísticamente por la sola exigencia de triunfos. Una exacerbada búsqueda de la victoria a cualquier precio eleva los ánimos hasta la imposibilidad de disfrutar del juego, es más, el juego se vuelve intrascendente. Lo único que importa es el éxito de la camiseta de Vélez, y el que no la tiene es un enemigo mortal que no puede ofrecernos placer alguno.
Por el contrario, hoy el sólo hecho de que quien nos visite sea un gran jugador es la señal de que debe ser insultado de forma fronteriza con lo patológico.
El sábado 4 de noviembre me sentí tentado a aplaudir los lanzamientos de Verón, pero rápidamente noté que a mi lado varios chicos (junto con algunos que son chicos desde los años 50) insultaban sacados lo mismo que yo deseaba aplaudir.
¿Somos hinchas de fútbol o sólo canalizamos nuestra impotencia personal en la vida en una identificación irracional? El fútbol parece pasar a décimo plano.
Paradójicamente quienes somos capaces de disfrutar del fútbol bien jugado sin importar la camiseta, somos acusados de... no ser futboleros! Quienes hemos saboreado de los lanzamientos del Bocha, de las gambetas de Maradona, de los toques de Brindisi y Babington, o de la elegancia de Alonso, ahora resultamos ser desconocedores absolutos del fútbol frente a una extraña nueva clase sabios que durante 90 minutos se agitan extasiados insultando todo lo que pase sin una V azulada.

Alejandro Irazabal

jueves, 16 de abril de 2009

Violencia en el Fútbol: Ni Reír, ni Llorar, Comprender

La llegada aún calurosa del otoño provoca un clima que nos retrotrae a la trágica perdida de Emmanuel. Como forma positiva de evitar su olvido ensayaremos aquí algunas conclusiones sueltas sobre la violencia en el fútbol.
La primera de ella sonará contradictoria a la luz de la perdida de un chico inocente como el que por esta época recordamos. La plantearé en forma de pregunta: ¿Existe un recrudecimiento de la violencia en el fútbol como plantean desde hace algunos años los medios? Como simple seguidor del fútbol desde hace más de 30 años me atrevo a contestar que no. El número de sucesos violentos de cada fin de semana es a simple percepción muy menor al de hace 15 o 20 años. Lo que hoy vemos es una focalización mediática mucho mayor a la de aquellas épocas. La mediatización del fútbol en los últimos años ha explotado de forma exponencial. Este fenómeno genera sobre la violencia dos efectos contradictorios: por un lado provoca una exposición de los actores de la violencia deportiva que inhibe cuantitativamente su accionar; mientras por el otro lado esta misma exposición genera una percepción social sesgada del fenómeno de la violencia en el fútbol construyendo la sensación de que la misma ha aumentado. Pero esta es una observación cuantitativa, la realidad cualitativa es que la violencia sigue instalada en las canchas lo suficientemente como para hacernos llorar la muerte de un nuevo hincha en periodos relativamente cortos de tiempo.
La persistencia con este nivel de peligrosidad está en parte asentada en la utilidad que tiene entre algunos sectores sociales como forma particular de valorarse socialmente. La violencia en el fútbol existe porque tiene un marco legitimador específico. No se trata como decían hace años en Radio Rivadavia de “un grupo de inadaptados perfectamente identificables”, los grupos de acción tienen una platea de espectadores -que los excede varias veces en número- que sigue sus movimientos casi con tanta atención como lo que ocurre dentro del campo de juego. Es decir, el barra consigue con sus actos una valoración social en el marco del mundo en que se mueve. Este aspecto es más importante que cualquier causa ligada a la corrupción o a los manejos dirigenciales. En esta legitimidad social se explica la existencia misma de las barras bravas.
Lo antedicho no debe llevarnos a conclusiones simplistas del tipo “todos somos culpables”. En realidad no se trata de culpabilidades, se trata de fenómenos sociales que nos exceden. Ofrezco como ilustración clarificante un ejemplo gráfico: hace unos años por mi labor profesional me moví en una barriada poblada de muchos integrantes de la barra brava de Chacarita. Descubrí entonces que lo que sucedía el domingo tenía una gran influencia sobre lo que luego ocurría durante la semana: el que “aguantó”, el que “corrió”, el que tiró piedras recibía en términos de valoración social su premio o castigo durante la semana en el barrio. Entonces, ¿tiene el barra una actitud distinta a la que tenemos todos al intentar hacer nuestro trabajo, seguir nuestros estudios, o actuar como miembros de una familia y conseguir así el premio social buscado? De la sociedad, de su entramado de relaciones sociales, ha emergido el fútbol como un lugar importantísimo de construcción y valoración de subjetividades. Una de las formas es el accionar de sus grupos organizados de simpatizantes.
Esto no significa eludir la responsabilidad dirigencial ante cada caso particular de organización violenta en torno a los clubes, pero ¿realmente alguien cree que existe un límite claro entre dirigentes y barras bravas? Tanto unos como otros son los sectores más activos de un club de fútbol. Es muy común que quienes en su juventud fueron barras bravas hoy sean dirigentes. Precisamente Vélez es un ejemplo categórico de esto. Buena parte de las comisiones directivas de los últimos años estuvieron formadas por integrantes de la barra de los ’70. Son como dos etapas lógicas en los “militantes” de un club de fútbol. Nos parece esto poco creíble porque realizamos una excesiva satanización de las características de los barras y por otro lado embellecemos en exceso las formas de los dirigentes. La realidad es que, por ejemplo, el “Pistola” de los ’70, a quienes miles de testigos han visto protagonizar hechos violentos, no es muy distinto al Raúl Gámez de hablar pausado que se pasea por los medios en la actualidad. Tanto el lugar de barra como el de directivo son ubicaciones buscadas en distintas etapas de la vida para ser valorado socialmente en el mundo en que estos sujetos viven.
¿Todo este nivel tan alto de determinación social significa impotentizarnos ante la violencia? Como hemos dicho esta violencia existe porque tiene un marco de legitimidad que la hace posible; por lo tanto lo central debería ser erosionar ese marco. Una posible medida efectiva si se aplica con suficiente rigurosidad podría ser la sistemática quita de puntos; este “castigo” podría provocar que el hincha que “aplaude” las acciones de estos barras comience a asociarlas con un perjuicio para su equipo, y de este modo comience a quitarles consenso. Pero para llevarla adelante es imprescindible olvidarse por un tiempo de justicias deportivas y no preocuparse por posibles desfiguraciones que sufran algunos torneos. Hay que tener en claro que la vida es más importante que la tabla de posiciones.

Alejandro Irazabal

viernes, 20 de febrero de 2009

¿Debe Vélez Ser un “Club de Fútbol”?

Hace un tiempo, en dos notas sobre este tema hemos intentado demostrar que Vélez no puede ser un “club de fútbol”; hemos argumentado e historiado en ellas como Vélez llegó a ser una de las principales instituciones del país gracias a su carácter “social y multideportivo”.
Esta última definición implica para nosotros, no la equiparación del fútbol con el patín carrera, sino la utilización de los recursos históricos de nuestro club a favor de toda la institución, en especial de su deporte legítimamente privilegiado: el fútbol.
En está oportunidad pasaremos del “poder ser” al “deber ser”, intentaremos justificar por que Vélez no debe ser un club reducido a su principal deporte.
En primer lugar consideramos ilegitimo intentar definir hoy a Vélez de un modo opuesto al que nuestros grandes constructores edificaron, ladrillo sobre ladrillo, una identidad definida como pocos clubes en la Argentina.
Vélez se construyó y engrandeció bajo el lema de Don Pepe “cada chico que entra con su bolsito al club es un campeonato” ¿Tenemos derecho a cambiar tal carácter?
La inmensa mayoría de los actuales socios nos hemos incorporado a un club que ya había definido su identidad, la asociación a un club es un acto voluntario ¿por qué asociarme a algo cuya esencia no comparto? Puedo hacerlo a cualquier otro que se adecue a mis pretensiones ¿Puedo hacerme socio de River y pretender que el Monumental pase a llamarse Silvio Marzolini? ¿O a Boca y pretender que su camiseta pase a ser blanca con una banda roja? Si mi ídolo es Marzolini lo recomendable es adherir a Boca Juniors, así como si deseo es pertenecer a un club cuya camiseta sea blanca y roja, lo que debo hacer es asociarme a River Plate.
Sin duda las instituciones deben adaptarse a cada tiempo, pero siempre respetando su identidad básica, porque esa identidad es el club mismo, lo que le otorga una especifica entidad en el mundo.
Puede un dramaturgo adaptar el Martín Fierro, convertirlo en un gaucho amanerado, con las bombachas todas bordadas en macramé, pero lo que no puede hacer de ningún modo es convertirlo en un patrón de estancia o en buchón de desertores.
¿Qué queremos decir con esto? Que si hemos elegido a Vélez, debemos elegir a “Vélez”, no a “Boca”, quien quiera ser Boca la dirección es Brandsen 805. Vélez es cientos de metros de instalaciones deportivas y culturales ¿Para qué creen que se edificaron durante décadas? ¿Para tener un gigantesco chivo emisario cada vez que fallamos en la administración de las finanzas del club? ¿Por qué Don Pepe no construyó meras tribunas, como muchos clubes en aquella época, y en lugar de ello elevó un estadio que es un club en sí mismo?
Porque Vélez no es Boca, Vélez es Vélez.
Vélez es una institución integral que siempre buscó justificar socialmente su existencia, cuyos dirigentes no se limitaron a “administrar la pasión” por el fútbol, sino que construyeron una organización social en la que su amor por el fútbol se amalgamara con servicios provechosos para la sociedad.
El principal fue el deporte, elevaron un imperio deportivo y lo llenaron de chicos que, mediante una gran diversidad de actividades, canalizarán positivamente su construcción personal.
El deporte es un colectivizador de hábitos admirable, una actividad educativa que muchas veces supera a los contenidos escolares, tantas veces arbitrarios. Con su práctica el chico incorpora al otro como semejante, internaliza ordenamientos que le sirven para orientar su vida productivamente, comprende el valor del esfuerzo colectivo; se percibe como un sujeto pleno, capaz de esforzarse por un objetivo superador. Gracias al deporte se dejan atrás espíritus sumisos, y se adquiere uno de lucha; las chicas aprenden que pueden ser fuertes y no resignarse a los papeles de muñequitas dóciles que les asigna un sector dominante de la sociedad.
Vélez también es cultura, no repetiré acá nuevamente los merecidos elogios que número a número damos al departamento encargado de estas actividades. Tampoco creo necesario demostrar la positividad de las prácticas culturales, doy por hecho que su reconocimiento es unánime.
¿Debemos dejar de lado todo esto sólo porque nos gusta el fútbol? No hay ninguna razón. No deberíamos hacerlo incluso cuando el fútbol se viera perjudicado. Pero de ninguna manera es así. No sólo que ambos aspectos de nuestro club no se contradicen, sino que se potencian mutuamente. Repetimos nuevamente y lo haremos hasta hartarlos: recuperemos el club y el Amalfitani se llenará nuevamente de gloria.

Alejandro Irazabal

jueves, 2 de octubre de 2008

40 Años de un Trozo de Vélez

Los hombres somos seres finitos, limitados, pequeños, por ello considero que triunfar en la vida es trascenderse a uno mismo. Producir hechos significativos a tal punto que nos superen, que vayan más allá de nuestras existencias. Es común ver grandes hombres que realizan obras gigantes que desaparecen con su creador, o líderes cuyos colectivos se fragmentan en cuanto ya no están a su cabeza. Pero quien ha realizado su tarea con verdadera grandeza (cuya principal condición es la humildad de aceptarse pequeño) sus productos cobran vuelo propio y viven más allá de su autor. Una forma de superarse al alcance de cualquiera es criando hijos que lleven nuestra impronta más lejos de lo que nuestra finitud nos permite. Otras formas son algo más difíciles de lograr. Podemos decir que Osvaldo Rao ha alcanzado ambas, y las ha alcanzado conjugadas en su enorme aporte a su amado club: El Fortín de Vélez.
El Fortín de Vélez ha superado a su propio creador, cuya identidad sobrevive en ella y hace que se supere día a día de la mano de sus propios hijos. Por eso no me siento desmereciendo a Osvaldo Rao si digo que hoy la revista es muy superior a la que él desarrollaba, además de las mejoras técnicas y estéticas, hoy El Fortín de Vélez profundiza en investigación histórica deportiva como pocas revistas en la Argentina. Esto es un mérito de Mariano, Osvaldo y Lucas Rao, pero ninguna de esas superaciones sería posible si su padre no hubiera creado e instalado la revista como lo hizo y si no hubiera sido el padre que fue, por lo que cada vez que El Fortín de Vélez mejora en relación a su pasado ese crecimiento es mérito también de quien la creó con las características necesarias para que siga creciendo, sin estancarse eternamente como espejo de si mismo.
No pecamos de humilde en esta revista si decimos que El Fortín de Vélez es la mayor realización periodística que ha tenido la casi centenaria vida de Vélez Sarsfield. Sus 40 años son una de las pruebas de esta grandeza, la revista partidaria más antigua del país (y no será fácil encontrar otro caso de tanta longevidad en otras partes). Pero no se trata sólo de mero paso del tiempo, El Fortín de Vélez fue cuna de importantes periodistas que brillan o han brillado en medios nacionales y su archivo es la más completa fuente histórica del club. Por sus páginas han pasado todas las figuras de nuestros equipos, los más exitosos y los más frustrantes; El Fortín de Vélez comenzó con Amalfitani, siguió con Feijóo, Petracca, Pérez, Gámez y siempre recibió el respeto de todos, sin dejar de contar a los opositores de cada gestión.
La multitudinaria fiesta que vivimos para celebrar estos 40 años fue la prueba, todas las figuras políticas del club estuvieron presentes, desde el oficialismo a los dirigentes de la Unidad Velezana, parece ser una de las pocas cosas que todavía puede reunirnos a todos.
Tampoco faltaron las estrellas, obviamente Carlos Bianchi fue la más deslumbrante, pero los campeones del 68, Luna y Zottola, dijeron también presentes, dando el tono histórico a la fiesta de una revista que tiene clara conciencia de que es el pasado lo que nos otorga identidad, y de la identidad velezana El Fortín de Vélez es fundamental parte integrante.

Aljandro Irazabal