
Voy a empezar hace exactamente 60 años en la manzana delimitada entre Guardia Nacional, Emilio Castro, Basualdo y Manuel Artigas. Allí había una cancha de fútbol que cuenta con una historia futbolística que puede provocar la envidia de muchos potreros; se llamaba la cancha de los “Sin Iguales”. Entre los tantos excelentes equipos barriales que ahí jugaban se encontraba “Corvalán” (club que hoy existe en la calle Tapalque entre Araujo y Basualdo), en ese equipo jugaba como marcador de punta derecha (half derecho, o 4 para la época) uno de los mas grandes ídolos que el Fortín le mostrara luego al mundo futbolístico. Quien escribe la nota, con apenas cinco años de edad, se escapaba de su casa, cruzaba Alberdi sin permiso y se subía a un banquito que tenía la precaución de llevar para elevarme por encima del público que copaba la cancha y poder disfrutar de aquellos memorables partidos. Si tengo una asignatura pendiente en la vida es no haber podido jugar nunca en esa canchita llena de gloria; la caída del gobierno peronista en el año 55 pasó el terreno a manos privadas y luego a la construcción del Colegio San Pio X; Pero cada vez que pásó por esa calle no puedo evitar recordar a ese jugador flaco y narigón que jugaba para “Corvalan” y que en unos pocos años más se iba a convertir en uno de los grandes jugadores y goleadores que vistieron la V de Vélez. Es que de quien estamos hablando es de Norberto “Beto” Conde, integrante de aquel equipo subcampeón del año 1953 de ese Vélez al que Amalfitani comenzaba a darle forma.
Hoy, comn tantos triunfos encima, muchos jóvenes se preguntarán cómo la gente de Vélez festejó tanto un subcampeonato. Seguramente no les contaron que salvo los autodenominados 5 grandes nadie tenía derecho a salir campeón (si alguien más se coronaba y tenía la cantidad suficiente de socios pasaba a tener 3 votos en AFA y a los “grandes” se les desarticulaba la hegemonía). Por eso a Vélez le robaron en el Monumental en un partido que termino 10 minutos más tarde (y con nueve hombres) hasta que River pudo empatar 2 a 2 con un gol de Mantegari y a la postre salir campeón, Si el resultado se hubiera mantenido, si el partido hubiera terminado cuando correspondía, Vélez tendría su primera estrella fechada en 1953.
Aquella delantera formidable la componían Sansone, Conde, el “maestro” Ferraro, Zubeldia y Manzi o Mendiburu. Los dos delanteros de área conformaban la pareja derecha Sansone, Conde; Ferraro pivoteaba, Zubeldia era el peón de brega, hoy se le llama volante de contención, un símil de Zapata, y el puntero izquierdo que cumplía un rol parecido a Papa, bajaba a defender y atacaba por la punta izquierda. Ese equipo de Vélez donde Norberto Conde era una de sus principales figuras también escribió una parte importante de una historia a la que hoy le festejamos 100 años. Como bien decía Mempo Giardinelli en el cuento “El Hincha”, cuando Vélez jugaba de visitante y no podíamos ir (en esos años no había micros y menos aún gratis y a Vélez sólo se lo transmitía cuando jugaba con los llamados “grandes”) escuchar en la radio el timbre y el consiguiente ¡!!Gol de Vélez!! Conde era una feliz constante, que luego seguía yendo a la esquina a esperar que se hagan las 9 de la noche y comprar la “sexta” con la síntesis del partido.
Norberto Conde fue para nuestra generación el primer ídolo que trascendió más allá de Vélez. Todos los años al finalizar los torneos los diarios hablaban que los llamados “grandes” iban a contar con él, la angustia invadía los corazones de la gente de Vélez y provocaba mi desazón; con mis 9 o 10 años, me paraba horas y horas en la esquina de Corvalán y Tapalque para poder verlo y decirle que no se vaya.
En aquellos años la selección se formaba con jugadores de los mejores equipos, como no podía ser de otra manera, el “Beto” estaba entre ellos, pasó a ser un jugador de elite y comenzó a codearse con los mejores. De los “Sin Iguales al Monumental”, un viaje muy rápido al éxito. Junto a Norberto Sansone integró la selección en un memorable partido frente a Italia.Una Italia que contó con una hinchada impresionante en River, eran los años que nuestros abuelos que habían venido “hacer la América” y engrandecer el país, eran padres aun. Ese partido lo ganó Argentina 1 a 0 con gol de Conde, la TV ya había llegado al país pero muy pocos la tenían, ese partido lo vi y lo viví en blanco y negro en un Garage de una casa de la Avenida Bruix casi esqina Alberdi, rodeado de gente de otros clubes. Si la memoria no me falla, el gol fue en el arco de Alcorta, salí corriendo hasta Alberdi a dar vueltas y saltar como un descosido (en esos años gritaba los goles). No me olvido del orgullo de volver el lunes al colegio con el pecho hinchado y agrandado como alpargata de gordo, Me acuerdo como si hubiera sido ayer que a las siete de la mañana ya estaba levantado, quería ir antes que abriera el colegio, “hacer la previa” hablando del Beto. Esa fue una de las tantas alegrías que me brindo Norberto Conde por eso para mí es una pieza fundamental de estos 100 años del club.
La carrera de Conde siguió cosechando glorias hasta que, como dicta la vida, un día se fue de Vélez. Todo llega su fin, hay tiempos biológicos inevitables, nadie. El jugador explosivo y goleador que disputo 224 encuentros con la camiseta de Vélez en los que marcó 108 tantos, le dejó paso a otro, con una faceta que nunca le habíamos descubierto: la de un jugador pensante, estratega y armador que otros clubes disfrutaron. Pasó a Huracán en 1959 (como luego haría Willington) y en el 61 a Atlanta. En Villa crespo tuvo una actuación fundamental en una campaña memorable de ese club. Luego de tres destacadas temporadas con los Bohemios (y un corto paso por Ferro) regresó a Vélez, donde se despidió del fútbol argentino (disputó algunos encuentros jugando para el Deportivo Cali de Colombia en 1966 antes de retirarse).
En la selección se detsca su participación en el plantel que obtuvo el Torneo Sudamericano de Fútbol de Chile en 1955 y varios encuentros amistosos y eliminatorias mundialistas.
Con la celeste y blanca dejó una anécdota jocosa que él niega rotundamente; pero les aseguramos que algo ocurrió. Ingreso por Labruna en un partido por la Copa Roca ante uruguay, el partido lo ganaba fácil Argentina, pero ante los ojos de todo el estadio salió desmayado a los segundos de ingresar al campo de juego, parece que un golpe en la mandíbula del central uruguayo Matías González (uno de los protagonistas del Maracanazo). Conde le habría largado un “¿cómo vamos?” mientras se arreglaba los pantaloncitos para empezar a jugar, Argentina ganaba por tres goles y el temperamental uruguayo lo tomo (tal vez con razón), como una cargada.
Hoy, a todos los que lo hemos disfrutado como jugador de fútbol nos alegra verlo caminar por las calles de su barrio, el mismo barrio donde paso toda su vida; se lo suele ver por Escalada casi Chascomus, en el comercio de Antonito Schinocca, otro hincha de Vélez. Disfrutó la fama y que se quedó en el mismo lugar donde creció y se formó, eso no es poca cosa ¿no les parece? Para terminar este homenaje sólo me resta decirle Gracias Beto, gracias por todas las alegrías que nos hiciste vivir, gracias por tus goles pegándole de aire y como venía, esa tribuna, que hoy es visitantes, muchas veces vibró al conjuro de tus goles, no solo la gente, también el frío cemento se contagiaba y parecía que se movía, pero sólo estaba aplaudiendo.
Angel García
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